
Alejandro Magno muere repentinamente en Babilonia en Junio del 323 AC. Deja tras de sí un imperio que se extiende desde Grecia hasta la India. Sus herederos directos son un hijo aún no nacido y una mujer persa. Como regente queda el comandante de caballería Perdiccas. El resto de sus generales se aseguran el control de las distintas zonas del imperio mientras se preparan para la lucha por el poder.
Estas luchas entre los antiguos generales de Alejandro, conocidos como Diadocos, se extienden durante los próximos 50 años hasta que sus descendientes consiguen afianzar sus dinastías y crear unos reinos que perdurarán hasta la llegada de Roma.
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